Javier Gaspar: «Me cuesta pensar en un buen árbitro que no haya tenido previamente experiencia forense»
La web de AEADE publica una interesante entrevista con Javier Gaspar Pardo de Andrade, que ha desarrollado su actividad principalmente en Derecho Mercantil, ocupando la secretaría del consejo de diferentes compañías y dirigiendo el departamento jurídico interno de las mismas. Es experto en contratación mercantil internacional y asesor de diversas compañías multinacionales en España. Firme defensor del arbitraje nos ha concedido esta entrevista donde analiza el arbitraje dentro de las grandes empresas. Dado su interés, reproducimos dicha entrevista a continuación.
¿Cuáles considera que son las grandes ventajas del arbitraje institucional?
El arbitraje es una institución sumamente eficiente y práctica para solventar conflictos jurídicos pero a partir de dos premisas básicas: predictibilidad y profesionalidad.
Por «predictibilidad» es el hecho de que las partes que desean dirimir su conflicto mediante arbitraje conozcan de antemano las reglas del juego, los costes, la forma de designación del árbitro o árbitros y los plazos en los que el laudo se emitirá; vamos algo más que lo que conocen los justiciables al acudir a la Administración de Justicia, donde si conocen las reglas y los costes pero sobre los plazos no tienen más que una estimación estadística.
Por «profesionalidad», es decir, el desarrollo del arbitraje, desde la presentación del primer escrito de solicitud hasta la emisión del laudo se ajuste a unas pautas de rigor y calidad tanto respecto a la designación de los árbitros como en relación a las actividades propias de la secretaría del procedimiento arbitral, su administración y tramitación; estoy pensando en las notificaciones y emplazamientos, audiencias, prácticas probatorias, registro audiovisual de las actuaciones, notificación del laudo, etc.
El «boom», valga la expresión tan de moda, del arbitraje en nuestro país, ha venido de la mano del arbitraje institucional, que ha sido factor y elemento detonante para que las empresas, que son las contratantes en masa, hayan empezado a valorar como el arbitraje en muchas ocasiones significa una posibilidad de solución de sus conflictos más rápida que la judicial y en la actualidad, me atrevería a decir que más «profesional» incluso, aunque pueda resultar chocante el calificativo.
Me explico: las Cortes Arbitrales españolas, y desde luego las que se ubican en Madrid y Barcelona, que son las que yo más frecuento, cuentan con paneles de árbitros que son abogados en ejercicio experimentados en el mundo del arbitraje y en general, prestigiosos.
No es frecuente que un árbitro de una Corte arbitral lleve más de un par de procedimientos al año. Lo anterior significa que la dedicación intensiva, la atención al caso y el estudio y análisis del conflicto, contrasta con lo que los justiciables encuentran hoy en los Tribunales de Justicia. Es impensable que un juez de primera instancia, pueda dedicar a un procedimiento, de entre los miles que tramita, una atención y un interés al que emplea un árbitro especialista en la materia que lleva uno o dos arbitrajes al mismo tiempo.
Y obviamente, esa situación se plasma luego en el laudo, en su calidad, en la profundidad del análisis del conflicto y en la solución encontrada al mismo.
No exagero si digo que al menos un 50% de las sentencias que recaen en los procedimientos judiciales en los que intervengo, que son muchos cada año, pecan de falta de dedicación, de incomprensión del problema por falta de estudio, de ligereza. Trasladada esa estadística (no exacta no concienzuda, es solo una aproximación) al arbitraje institucional en la actualidad, me atrevería a decir que como mucho solo en un porcentaje mínimo de los laudos encuentra el justiciable esa falta de dedicación, de escasez de tiempo para el estudio sosegado del problema y de equidad en la solución final alcanzada.
Si lo que buscamos es un fallo rápido y justo ( y eso sin duda es lo que pretendemos los letrados que intervenimos en los procedimientos de derecho privado), tenemos muchas más posibilidades de alcanzarlo a través de un arbitraje administrado por una Corte Arbitral que en un procedimiento ordinario ante los Tribunales de Justicia. También más caro, en efecto, pero resulta que esa rapidez y esa calidad, hay que pagarla.
¿Por qué considera importante que las grandes empresas se sometan a arbitraje en sus litigios?
Las empresas, grandes, pequeñas o medianas, son los grandes contratantes en masa en la actualidad. Los pleitos, unas veces se ganan y otras se pierden; esto parece una perogrullada pero no lo es; quiero decir que cuando una empresa acude a un pleito para dirimir un conflicto, la mayoría de las veces es porque su abogado le ha explicado que tiene razonables posibilidades de éxito, al menos las suficientes para que le merezca la pena el coste del litigio. Excluyo de este análisis los supuestos en los que una empresa acude a un pleito solo para ganar tiempo respecto a una decisión que sabe será contraria; hoy, con las medidas cautelares y la ejecutabilidad de las sentencias en primera instancia, esa treta procesal que antaño fue tan frecuente, ha perdido interés.
Pues bien, en ese escenario, para la empresa resulta esencial el tiempo, en primer lugar y la seguridad de que el laudo, el fallo, será emitido tras un estudio riguroso y detenido del conflicto; esas dos pretensiones, las alcanzará sin duda través de un arbitraje; ante un juzgado, solo si tiene suerte; es decir, puede encontrarse con procedimientos en primera instancia que tardan tres o cuatro años; y puede encontrarse que las horas empleadas por sus abogados en alegar, probar y concluir sobre la materia del litigio, se despachan en un folio y medio a través de una faena de aliño. Es decir, a mayor tamaño y trascendencia del conflicto, más interés presenta la fórmula arbitral toda vez que aquellos dos factores, tiempo y profesionalidad revisten mayor importancia.
¿Considera que para ser árbitro antes se debe tener experiencia como abogado de parte en arbitrajes?
Sí, me parece imprescindible. Como sería necesario y predicable de los jueces; como es en el caso de algunos países en los que los jueces necesariamente han tenido que ejercer antes como abogados de parte. Nunca se comprende la dimensión íntegra de un conflicto si uno, en este caso quien ha de emitir el veredicto, no ha tenido previamente la oportunidad de actuar en arbitrajes como letrado de parte; ayuda y mucho. Me cuesta pensar en un buen árbitro que no haya tenido previamente experiencia forense.
¿Cómo describiría la situación actual del arbitraje en España?
Considero que el arbitraje está en auge; si echo la vista atrás, el número de conflictos que conozco que se resuelven a través de arbitraje es muy superior a 30 o 20 años atrás. E incluyo no sólo aquellos en los que yo participo, sino todos de los que tengo noticia directa o indirecta. Carezco de datos estadísticos concretos pero me parece que es una institución que tiene muchísimo margen de crecimiento por delante; está pasando fuera de España pero también en nuestro país; ya se sabe que copiamos casi todo, lo bueno, lo malo y lo regular; en este caso, es lo bueno. O al menos así me lo parece tras 35 años de práctica forense.
Fuente: AEADE