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Nueve de cada diez casos que resuelve la mediación del Gobierno Vasco son de hogares rotos

jueves, 16 de agosto de 2012

Crisis de pareja, separaciones, divorcios, problemas con la herencia, con el hijo adolescente o con el hijo adulto que sigue viviendo en casa. Son las querellas que llegan a diario al servicio de mediación familiar del Gobierno Vasco, al que ya han recurrido, solo durante el primer semestre de este año, 383 familias. Nueve de cada diez de ellas lo han hecho para negociar una ruptura matrimonial; o, reflejado en números absolutos, 359 parejas se dijeron adiós amistosamente. De esas 359 intervenciones, el 69% correspondieron a Vizcaya, el 17%, a Álava y el 14%, a Guipuzcoa.«Hablamos de parejas que se encuentran en la fase previa de la ruptura o que ya la han pasado y quieren modificar las condiciones de la sentencia, normalmente, por asuntos relativos al desempleo», explica Cristina Merino Ortiz, responsable del servicio de mediación, un organismo que trabaja de forma gratuita y está formado por abogados, psicólogos y trabajadores sociales que consiguen un acuerdo en el 80% de los casos.

El servicio de mediación, que comenzó a funcionar en 1996 y depende del Departamento de Empleo y Asuntos Sociales, es una alternativa al desgaste emocional que acarrea un pleito judicial. Además, abre a los protagonistas de un conflicto una vía más barata que el procedimiento judicial, puesto que una vez logrado un pacto, solo hay que sancionarlo judicialmente. «No me atrevería a cuantificar, porque todo depende de cada situación particular, pero lo que está claro es que se ahorra mucho tiempo y dinero», afirma Cristina Merino.

En realidad, el servicio del Gobierno Vasco ofrece en la práctica más que una mediación. Según el viceconsejero de Asuntos Sociales, Alfonso Gurpegi, la crisis ha traído consigo una mayor conciencia sobre la importancia de la comunicación entre los cónyuges y con los hijos. «Hemos tenido casos de todo tipo. Alguna vez, tras pasar por nuestras oficinas, la pareja se ha dado cuenta de que el problema era la comunicación y ha intentado recuperar la relación», asegura Cristina Merino.

Pero las cosas no son siempre tan sencillas. También se han dado episodios «incómodos», en los que las partes se han cerrado en banda, negándose incluso a conversar con su futura ex pareja y prefiriendo dejarlo todo en manos de abogados. «Es anecdótica, pero esa situación existe», admiten en el servicio de mediación. De todos modos, como las partes acuden de forma voluntaria, lo más común es que avancen hacia un acuerdo sin excesivos problemas.

Pero no todo son rupturas matrimoniales. El 5% de las intervenciones registradas desde enero pasado corresponden a problemas de convivencia familiar, a problemas de personas dependientes, a conflictos entre la familia biológica de un menor y la de acogida; y también a progenitores que impiden a los abuelos relacionarse con sus nietos.

Dentro de esas mediaciones se incluyen también las relacionadas con herencias, sucesiones o negocios familiares. «Un caso habitual suele ser el del hijo mayor de edad que, pese a tener trabajo, aún reside en el domicilio familiar y no afronta las cargas que supone pertenecer a un hogar», comenta Cristina Merino. Sea como fuere, lo que la mediación familiar intenta conseguir es que las partes salgan del aparente callejón sin salida en que se encuentren. Mejor para todos.

Fuente: Diario Vasco