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«El mediador es una figura neutral, que simplemente trabaja para restablecer la comunicación entre dos personas en conflicto»

miércoles, 1 de junio de 2011

En una entrevista publicada en el medio asturiano «»La nueva España» en el día de hoy, Marta Antuña Egocheaga -abogada y mediadora familiar titulada por la Universidad Nacional de Educación a Distancia-, califica su labor  como «apasionante», porque puede ayudar a resolver los conflictos sin necesidad de llegar a los tribunales. La mediación, como ella misma afirma, consiste en «abrir un canal de comunicación», método en el que por ahora apenas trabaja un centenar de colegiados en Gijón.
-¿Ser mediador es compatible con ser abogado?

-La mediación es un tema apasionante, y no achica para nada el enfoque del abogado, todo lo contrario, lo enriquece. Es un punto de vista diferente para tratar los conflictos, para intentar que se aflojen, se solucionen o simplemente que se aireen las causas. La mediación busca establecer la comunicación entre las personas y con uno mismo, y ésa es la base para intentar resolver los conflictos.

-Entonces, ¿cuál es la diferencia con un abogado?

-El abogado tiene un enfoque jurídico e interviene en el conflicto, mientras que el mediador es una figura neutral, que simplemente trabaja para restablecer la comunicación entre dos personas en conflicto. Es un catalizador de la comunicación, y para ello tiene que cambiar el «chip» completamente; no se pueden mezclar los dos trabajos.

-¿Cualquiera puede ser mediador?

-Es una labor que también pueden desarrollar los trabajadores sociales, los pedagogos y los psicólogos; tal y como establece la ley, en un total de 13 autonomías es necesario tener un título universitario para ser mediador familiar. Sin embargo, la ley estatal que se está desarrollando en estos momentos no prevé que sea necesaria una formación universitaria, y yo creo que eso es un problema criticable y peligroso. Creo que el mediador tiene que contar con una correcta formación.

-Esta alternativa para solucionar los conflictos aún no es muy conocida.

-Todavía está dormida. La mediación necesita más difusión para que más personas lleguen a ella. En ello pesa mucho la política proteccionista del Estado que prevaleció en España durante tantos años de dejar en manos de un tercero la resolución de los conflictos.

-¿Por qué defiende la mediación?

-Porque aboga por una cultura de paz en una sociedad cada vez más beligerante. El mediador es un facilitador de la comunicación, algo que cada vez se pierde más. Su función es la de establecer pactos que solucionen, alivien o aireen las bases en un conflicto. No sólo se busca que el problema se arregle, y no sólo sirve para aliviar de carga a los tribunales. En ocasiones sirve para ir alcanzando pactos puntuales, aunque al final el asunto se dirima ante un juez.

-¿En qué ámbitos se puede aplicar la mediación?

-El más conocido es el familiar, pero se puede aplicar a multitud de campos: separaciones y divorcios, ceses de convivencia, tutelas, acogimientos, adopciones, pero también en conflictos escolares, comunidades de vecinos y en el ámbito sanitario. Este último es un terreno muy propicio y muy interesante para desarrollar la mediación.

-¿La gente es receptiva a este método?

-Yo creo que sí, porque la mediación hace que las personas recuperen su poder para resolver sus conflictos, y lo más importante, recuperan y toman conciencia sobre su responsabilidad. Al ser una figura neutral, estimulas la comunicación: haces que la gente se pregunte cómo, por qué surgió el conflicto, y cómo pueden transformarlo para que desaparezca.

-¿Los abogados les ven con recelo?

-Muchos sí, pero no hay motivo para ello. Tenemos que reinventar la abogacía, adaptarnos a los cambios económicos y sociales y enfocarla de otra forma y en otros ámbitos. Adaptarse al mercado, en definitiva. Además, las dos labores son compatibles: los abogados tienen que controlar que los acuerdos de mediación sean jurídicamente viables, tienen que visar los acuerdos, darles forma jurídica. Los recelos son infundados.

Fuente: La Nueva España